Son varias semanas las que estoy obsesionada con los Macarons.
Padova tiene muchísimas pastelerías que, no solo se limitan a hacer típicos dulces italianos, sino que, decoran sus atrayentes escaparates con estos coloridos y demasiado buenos dulces franceses (los italianos tan orgullosos de su comida y sucumbiendo a dulces franceses). Esto hace que ir a clase sea una tortura y que mi ansia por comerlos aumente cada día.

